Una respuesta integral, el Proyecto Educativo Nacional Parte 1

UNA VISIÓN DEL PAÍS VINCULADA A LA
EDUCACIÓN QUE QUEREMOS

Los peruanos constituimos un pueblo con un prometedor
horizonte, con un futuro de bienestar, prosperidad, paz y
democracia que debemos decidirnos a realizar.
Contamos para este objetivo con enormes recursos no
siempre apreciados en su justo valor: reconocida riqueza
natural, así como una generosa biodiversidad que todavía
espera ser conocida y explorada en medida suficiente. Se
suma la viva creatividad de la población peruana —joven
en una considerable proporción— así como su capacidad
de iniciativa y su acuciosidad en el mundo productivo.
Talento que se muestra en el vigoroso florecimiento de
empresas pequeñas y medianas —las denominadas
pymes— en las últimas décadas, fruto de conductas
emprendedoras e innovadoras que día tras día transforman
el desempleo en nuevas formas de productividad y
construyen seguridad económica ahí donde sólo había
precariedad y exclusión. Hay que contar también, en una
mirada panorámica de nuestras fortalezas, la impresionante
diversidad cultural del país y los conocimientos
locales y tradicionales que se sostienen en dicha variedad.
La creciente fama internacional de la gastronomía peruana
es sólo una pequeña muestra del cúmulo de posibilidades
que nos reservan nuestras particularidades culturales.
La promesa de una industria turística organizada y
profesional que permita atender una afluencia masiva de
visitantes atraídos ya sea por nuestro rico patrimonio
monumental, por las manifestaciones contemporáneas
de nuestras culturas o por una naturaleza diversa y generosa
es otro punto a nuestro favor.

El Perú es escenario de considerables cambios demográficos
que han dado lugar a nuevas formas de asentarnos en
nuestro territorio. El paso de un país principalmente rural
a uno mayormente urbano fue lo dominante en la segunda
mitad del siglo XX. En las últimas décadas, se ha dado
paso a otro fenómeno: el desarrollo de un distinto urbanismo
que convive, en amalgamas sorprendentes, con nuevas
formas de ruralidad. Culturas convergentes, nuevas aspiraciones,
formas variadas de imaginarnos el futuro y de ir
hacia él: todo ello configura un Perú inédito que hace falta
reconocer para detectar en él promesas de dinamismo, de
creatividad, todavía no muy bien advertidas.
Nuevos desarrollos científicos y tecnológicos y novedosas
circunstancias en el comercio mundial abren para el
Perú un amplio horizonte de oportunidades y desafíos.
La revolución informática se ha acondicionado no sólo
en el mundo productivo y financiero sino en parte de
nuestro paisaje cotidiano por medio de la masificación
del acceso a Internet y sus aplicaciones derivadas, a
pesar que la tasa de equipos informáticos por población
es todavía baja. La globalización, por lo demás, tiene sus
rigores y sus promesas, y es en esa doble dimensión que
hay que considerar la paulatina incorporación de nuestro
país a las formas más abarcadoras de la economía
global. La integración comercial es un reto por asumir
y al mismo tiempo una ventana de oportunidades por
aprovechar, construir o moldear para beneficio de
nuestra población.

UN HORIZONTE GENERAL:
EL DESARROLLO HUMANO

Ser conscientes de esos recursos y potencialidades nos
invita a cultivar visiones optimistas de nuestro futuro.
Proponernos tener en un plazo definido un país donde
la realización plena de las personas sea una posibilidad
cierta. No significa, por tanto, plantear un fin inalcanzable
sino señalar un conjunto de metas que debemos
y podemos realizar. ¿Cómo es esa visión realizable?
¿Cuáles son sus posibles componentes?
La transformación nacional que vislumbramos contiene
elementos muy numerosos y sobre todo plantea la consolidación
del desarrollo humano. A partir de ahí hay
que afirmar avances concretos, que sirvan a ese fin
mayor, en las cuatro siguientes dimensiones: desarrollo
económico y competitividad; bienestar y equidad; afirmación
de la institucionalidad democrática; reforma del
Estado e integración territorial, social y cultural del país.
El desarrollo humano constituye, en rigor, el gran horizonte
del país que deseamos construir; abarca y da sentido
a las demás transformaciones necesarias. Su contenido
es ético y está dirigido a hacer del Perú una sociedad
en la cual nos podamos realizar como personas en un
sentido integral. En esta noción están contemplados los
ideales de justicia y equidad que resultan, a fin de cuentas,
los principios que dan legitimidad a una comunidad.
Entendemos el desarrollo humano como un «proceso
de expansión de las capacidades y derechos de las personas,
dentro de un marco de igualdad de oportunidades,
en el cual todos pueden progresar en libertad» y en
el cual cada uno debe avanzar al mismo tiempo que
progresan todos1.
En primer lugar, esta concepción de desarrollo implica una
comprensión de las personas como portadoras de necesidades
y de potencialidades, metas y derechos que deben
ser atendidos; no sólo en lo referido a la subsistencia y a la
protección, sino conteniendo también las necesidades y
capacidades de libertad, creatividad, afecto, identidad,
trascendencia y sentido. Al mismo tiempo, cada peruano y
cada peruana poseen facultades creativas e inventivas, aptitudes
para el diálogo y la interacción con los demás.
En segundo lugar, el desarrollo implica construir un
espacio para la igualdad en la diversidad: una sociedad
que crece en un espacio integrador que acoge con iguales
derechos y oportunidades y, al mismo tiempo, respeta
las diferencias que nacen de nuestra cualidad de
seres libres y autónomos, así como las diferencias
colectivas, que surgen de nuestra condición de seres
con historia, raíces culturales y tradiciones. En ese Perú
del futuro, la unidad y la cohesión deben coexistir con
la libertad individual y también con las particularidades
culturales de las distintas colectividades humanas. Así,
el desarrollo que merecemos consiste en erradicar la
exclusión, la discriminación y la desigualdad de oportunidades
fundadas en la condición socioeconómica,
étnica, física, mental, de edad o de género, e implica
luchar contra la subordinación excluyente que sufren
las otras culturas y lenguas.

En tercer lugar, el desarrollo debe ser un proceso sostenible.
La satisfacción de las necesidades de hoy no
debe poner en riesgo poder cubrir las demandas de las
próximas generaciones. Esa sostenibilidad exige el uso
racional y respetuoso de los recursos naturales. El desarrollo
reclama superar en el Perú la mentalidad social
depredadora, que no conoce límites cuando se trata de
satisfacer el deseo de rentabilidad o las simples necesidades
de supervivencia. El desarrollo será sostenible
también por la capacidad para mantener los logros de
bienestar que los peruanos vayamos conquistando. Por
ello, es preciso dotar a las personas de recursos y capacidades,
de oportunidades de participación y de facultades
para decidir. En suma, habilitarlas para gobernar
sus existencias individuales y colectivas sin que ello
atenúe el compromiso del Estado con el bienestar de
todos, sin exclusiones.

a. Desarrollo económico y competitividad

El Perú puede ser en un futuro cercano un país con
desarrollo económico sostenido sobre la base de los
recursos físicos, humanos y sociales existentes, por
medio de una creativa y competitiva inserción en la
economía regional y mundial. Para lograr este fin se
debe superar ciertas barreras históricas. Algunas de
ellas están asociadas a la forma en que nuestro país se
vincula a la economía mundial en un contexto de gran
apertura a la competencia internacional, que no toma
en cuenta las viejas desigualdades entre regiones y países.
Otras barreras son las derivadas de una estructura
centralizada del sector productivo y del mercado interno.
En su lugar han de existir economías regionales
consolidadas con ciclos propios de producción, de circulación
y de consumo y, al mismo tiempo, en correspondencia
creativa con el resto del país.
El florecimiento de cadenas productivas autosostenidas
servirá para mantener ese crecimiento diversificado y
para generar nuevos campos de generación y aplicación
de conocimientos y de innovación. Ello debe ayudar, a
su vez, a expandir y diversificar la oferta exportable, cuya
limitación es hoy en día uno de los grandes frenos de
nuestra economía, dependiente del comercio de productos
con escaso valor agregado y avaros en la generación
de empleos. Esto requiere de políticas amplias de articulación,
integración y fortalecimiento del mercado nacional
y de los mercados regionales, y así propiciar espacios adecuados para la realización de las capacidades de la
población, que es joven en una apreciable proporción.
Esta integración, que no suprime la diversidad sino que
crece sobre ella, supone también fortalecer la infraestructura
que posibilite el comercio y mejore la rentabilidad
de las más diversas actividades productivas y de
servicios y la puesta en valor de los variados recursos
físicos y conocimientos locales por medio de una capacitación
técnica y administrativa que propicie su proyección
a escala nacional e internacional.
La competitividad y el crecimiento económico sostenido
demandan una inversión mayor y mejor focalizada en
políticas sectoriales y redistributivas vigorosas. También
se precisa, desde luego, mayor reinversión y, consiguientemente,
mayor acumulación de capital, así como se hace
necesario dar un salto en nuestro paradigma productivo
—tecnológico, administrativo, de gestión— que sólo es
posible con más y mejor capital humano que, a su vez,
incremente la competitividad internacional del Perú.
Asimismo, el país precisa un marco normativo e institucional
que haga posible que las distintas y creativas
iniciativas de la población encuentren cauces de legalidad
y, por consiguiente, de seguridad, y acceso a
medios de financiamiento que permitan su sostenibilidad
y expansión en el mediano plazo. Esto ha de estar
combinado con políticas laborales que aseguren que el
crecimiento económico se traduzca en incremento de
la oferta de empleo y, al mismo tiempo, que éste sea de
calidad en lo relativo a la productividad, al cumplimiento
de derechos y a los niveles remunerativos.
Ser competitivo en nuestro país es considerar las potencialidades
de nuestra diversidad cultural, así como de
nuestros recursos naturales para su preservación a partir
de una gestión eficiente. Pero ser competitivo no es
sólo un término con acepciones de índole económica,
incluye tomar en cuenta el valor de las culturas que
conforman el país. En primer lugar, se trata de cambiar
la mirada etnocentrista de la competitividad encasillada
sólo en tecnologías occidentales. Hace falta incorporar
la mirada intercultural, donde la competitividad
parte del reconocimiento y valoración de las tecnologías,
saberes, expresiones, fortalezas e historias propias y
enriquecerlas con tecnologías modernas. Este diálogo
debiera provenir de ambos sectores, pues el enriquecimiento
es mutuo, pero requiere además del reconocimiento
al valor de los «productos», de los «productores»,
de los creadores de una y otra vertiente. En segundo
lugar, implica también que los peruanos, herederos de
tecnologías ancestrales, fortalezcan su identidad y su
autopercepción como sujetos, dejando atrás el estigma
del atraso y la inferioridad para dar paso a culturas afirmadas
y de verdad competitivas.

b. Equidad y bienestar

La única razón del crecimiento arriba propugnado debe
ser el logro de un bienestar general y creciente, donde
las personas y las familias experimenten un paulatino
mejoramiento de sus condiciones de vida mientras que
la sociedad en conjunto ve incrementar y expandir sus
posibilidades, oportunidades y capacidades. Pero existen
elementos en contra que impiden mejorar esta calidad
de vida. Por un lado, la rígida y asimétrica realidad
económica mundial y la manera como el Perú se inserta
en ella, y por otro lado, determinados rasgos históricos
de nuestra sociedad como la marginación, la discriminación
cultural y racial, además de la pobreza. Estas
últimas son permanentes generadoras de inequidad y a
la vez deficiencias que se reproducen sin tregua.
Construir una sociedad equitativa es, ciertamente, una
meta ambiciosa; pero también es ineludible. Demanda
actuar sobre diversas dimensiones del tejido institucional
y social del país. De un lado, el rostro más visible
de la necesaria equidad puede ser el acceso a servicios
básicos como son la atención de salud, educación de
calidad, seguridad social, vivienda, seguridad ciudadana
y acceso a la justicia. Al mismo tiempo, sólo es factible
hablar de equidad ahí donde la población tiene
también acceso a un empleo digno y productivo, a un
ambiente saludable y a disfrutar de esparcimiento y de
bienes culturales.

c. Democracia

Los peruanos debemos y podemos consolidar una
democracia genuina e integral en sus aspectos legales e
institucionales y en su condición de forma de convivencia
humana. A través de un Estado de Derecho concebido
para el máximo respeto de las personas y el atajo de
todo posible abuso de poder: una Constitución que
garantice los derechos de los ciudadanos y un conjunto
de poderes públicos en equilibrio y respetuosos de la
ley, requisitos básicos para hablar de una democracia.
Junto con ello, y con similar importancia, nuestro
ordenamiento político debe asegurar que toda persona
—independientemente de su condición socioeconómica,
étnica, de género o cualquiera otra— ejerza sus derechos
políticos, civiles y sociales, vea respetados irrestrictamente
sus derechos humanos, y disfrute de la
riqueza existente en una sociedad que garantice un
nivel aceptable de bienestar. El cumplimiento de los
derechos se ha de complementar, además, con una
clara percepción de nuestros deberes y responsabilidades
como miembros de una colectividad.

La democracia que buscamos es inseparable de la existencia
de una sociedad civil organizada y activa en
defensa de sus derechos y demandas, apta para participar
en las decisiones públicas y fiscalizar el ejercicio del
poder, y también consciente de sus propios deberes ciudadanos.
El papel de los medios de comunicación independientes
y honestos es esencial para este propósito. Y
resulta igualmente indispensable la existencia del conjunto
básico de instituciones civiles por las que las
demandas ganan expresión política ordenada y transparente;
esto es, un sistema de partidos políticos estables
y representativos, con propuestas expuestas con
claridad y sometidas al escrutinio público, integrados
por personas con vocación de servicio y obligados a
rendir cuentas ante sus electores. Asimismo, esa democracia
contará con canales de participación efectiva de
la población en las decisiones que afectarán su presente
y su futuro. Esto supone, también, la existencia de
una administración pública moderna, eficaz e imparcial
que ponga a disposición de la ciudadanía los
mecanismos de fiscalización adecuados y que sea sensible
a las aspiraciones de la población.
Todo lo dicho está vinculado, en última instancia, con un
elemento insustituible: una ciudadanía que construye paulatinamente
una democracia y está dispuesta a defenderla
porque la vive como un valor propio. Esta experiencia es
dable ahí donde prevalece el principio según el cual la persona
humana es el fin supremo de la sociedad y del Estado.
d. Reforma del Estado e integración
Finalmente, ese Perú que queremos ver realizado ha de
ser una nación integrada en el plano territorial y cultural.
No significa la instauración de una sociedad uniforme
que desconozca o, peor, que reprima las diferencias
culturales y regionales, sino aquella donde sepamos
cultivar, respetar y celebrar la unidad en la diversidad y
en la que las oportunidades de realizarse individual y
colectivamente estén al alcance de todos.
Esta visión demanda una reforma sustancial del Estado:
de sus hábitos, de sus instituciones, de la forma en que él
organiza a nuestra sociedad y se relaciona con cada
peruano. Se trata no solamente de un cambio hacia la
eficiencia administrativa sino también de una transformación
política del manejo de la vida pública del Perú.
El Estado peruano es todavía centralista, patrimonial y
excluyente. Es centralista porque ha expropiado las
oportunidades de desarrollo de las diversas regiones del
país distintas de la capital, en donde se concentran
fuera de toda proporción los servicios sociales y administrativos.
Es patrimonial porque ha permitido las más diversas formas del aprovechamiento de lo público para
fines privados: desde el nepotismo hasta la simple y
desnuda sustracción de los dineros públicos. Es excluyente
porque es un Estado de legitimidad precaria, con
baja credibilidad entre sus ciudadanos y débil para conducir
el país hacia metas de desarrollo.
Es también depredador de la diversidad cultural y de sus
recursos naturales, bienes que son vistos desde un enfoque
meramente económico, a partir del cual se obtienen
bienes inmediatos y no consideran la mirada ontológica
de los pueblos originarios frente a estos mismos bienes,
es decir, desde la crianza y la conservación de toda la
riqueza natural y cultural. Esa visión es hacer de nuestra
diversidad un elemento fundamental para un desarrollo
sostenible. Por esta razón, es necesario un Estado democrático,
descentralizado y pluricultural.
Corrigiendo esa realidad histórica, el Estado debe cambiar
su acercamiento a los ciudadanos y desterrar prácticas
centralistas, el desigual tratamiento jurídico a la
población, las decisiones opacas e inequitativas de gasto
público y otros usos de vieja data que han terminado
por dibujar una sociedad de grandes privilegios y grandes
exclusiones.
Reformar el Estado es modificar la forma en que se ejerce
el poder público en el Perú. Una manera indispensable
de hacerlo es mediante el avance y el perfeccionamiento
de la descentralización ya iniciada. En ese proceso, los
ciudadanos, mediante sus decisiones y su capacidad de
fiscalización, percibirán al Estado como una realidad propia
y significativa. Una descentralización bien realizada
será todo lo contrario de un factor de disgregación: permitirá
una verdadera integración territorial, económica y
cultural basada en el respeto y el reconocimiento mutuos.
Esta integración interna del país ha de tener, por otra
parte, como correlato necesario, un fortalecimiento de
nuestros vínculos con la comunidad internacional. Ésta
no tendrá que ser solamente económica y comercial. Los
lazos entre pueblos afines por proximidad física y por
una historia compartida son múltiples y abarcan también
un intenso diálogo cultural y un firme entendimiento
para hacer avanzar la democracia en cada región.

UNA EDUCACIÓN RENOVADA
QUE GENERA CAMBIOS

Hacer realidad dicha visión demanda transformar
nuestra educación. Es cierto que una buena educación
no será suficiente por sí sola para llevarnos a la democracia
y el desarrollo. Pero también es verdad que, sin
ella, las reformas que hagamos en otros campos resultarán
a la postre estériles o de corta vida. ¿Qué funciones
ha de cumplir la educación en la transformación
general del país?

En cuanto fuente de la realización de las personas, la
educación es en sí misma un fin en todo proceso de
desarrollo humano y no puede ser sacrificada o postergada
por otros fines. Pero en cuanto generadora de ciudadanos
capaces y eficientes, imbuidos de una conciencia
cívica, prestos al aprendizaje permanente y dotados
de iniciativa y espíritu emprendedor, la educación es,
también, un medio para el desarrollo.
Una educación transformada es indispensable para la
democracia pues formará ciudadanos alejados de las
prácticas y valores que hacen posible el autoritarismo,
la exclusión y la violencia. La educación básica ha de
impulsar la vida democrática al moldear personalidades
autónomas, con iniciativa y conscientes de los derechos
propios y ajenos. Con prácticas pedagógicas y formas
de convivencia renovadas, la educación debe ser la
primera experiencia de los peruanos sobre el valor de
las leyes, el diálogo, la participación, las instituciones y
la coexistencia pacífica.
Esta educación debe ayudar también a construir un país
más equitativo. Una educación deficiente es una reproductora
perniciosa de la inequidad y del atraso. Por el
contrario, hay evidencias de cómo los progresos en educación
habilitan a las personas para satisfacer mejor sus
necesidades y ejercer mejor sus derechos. La educación
es generadora de facultades. Inviste a las personas de los
poderes requeridos para gobernar sus vidas; es decir, para
elegir su destino.
De otro lado, una educación universal de calidad favorecerá
el mejor rendimiento económico de nuestra sociedad
al promover la adquisición de saberes nuevos y la
recuperación y revaloración del saber propio, la innovación,
el manejo eficiente de los recursos y la capacidad de
adaptación a entornos cambiantes. Ningún país puede
aspirar al éxito en la sociedad mundial de hoy con la escasa
inversión en educación y en promoción de la investigación
y la innovación que mantiene el Perú. Sin embargo,
al señalar esto es imposible omitir que, junto con la investigación,
la educación peruana tiene otras tareas básicas
pendientes de cumplimiento como asegurar un dominio
adecuado de las destrezas fundamentales y fomentar actitudes
creativas hacia la vida productiva tales como autonomía,
capacidad de iniciativa y de liderazgo, aptitudes
para el trabajo en equipo, disciplina, entre otras.
Finalmente, una educación renovada ayudará a construir
una sociedad integrada —fundada en el diálogo, el
sentido de pertenencia y la solidaridad— y un Estado
moderno, democrático y eficiente. Dotará al país de ciudadanos
participativos, fiscalizadores, propositivos, con
capacidad de liderazgo e innovación dando así vida sostenida a la descentralización. Cambiar nuestra vida
pública, reformar el Estado para una mejor convivencia
entre peruanos, es una meta que también necesita de
mejores escuelas, mejores docentes y, en suma, de una
mejor concepción de la educación que precisamos —esto
es, de la imagen de nosotros mismos que queremos
construir y con la que deseamos vivir.
Ahora bien, ¿cómo debe ser esa educación llamada a
producir tales efectos y a entrelazarse creativamente
con los demás cambios institucionales necesarios en el
Perú? Esta propuesta de Proyecto Educativo Nacional
explica, más adelante con detalle, la naturaleza y características
de tal educación bajo la forma de seis objetivos
estratégicos.

Share this!

Subscribe to our RSS feed. Tweet this! StumbleUpon Reddit Digg This! Bookmark on Delicious Share on Facebook

Leave a reply

*

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*